Simeón y Ana Conocen al Niño Jesús
Historia Bíblica

Simeón y Ana Conocen al Niño Jesús

Lucas 2:22-38

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Resumen de la historia

María y José llevaron al bebé Jesús al templo de Jerusalén para presentarlo a Dios. Allí estaba Simeón, un hombre justo a quien el Espíritu Santo le había revelado que vería al Cristo antes de morir. Tomó al niño en sus brazos y alabó a Dios, diciendo que sus ojos habían visto la salvación y que Jesús sería luz para las naciones. La profetisa Ana, que servía a Dios en el templo de día y de noche, también llegó, dio gracias y habló del niño a todos.

Dónde está en la Biblia: Lucas 2:22-38

Lección para los niños

Dios siempre cumple lo que promete, aunque haya que esperar mucho tiempo.

Preguntas para conversar en familia

Después de leer, usa estas preguntas para ayudar al niño a recordar y aplicar la historia.

  1. ¿Por qué María y José llevaron a Jesús al templo?
  2. ¿Qué le había prometido Dios a Simeón?
  3. ¿Qué está esperando tu familia en oración a Dios?

La historia completa: Simeón y Ana Conocen al Niño Jesús

Parte 1

Cuando Jesús todavía era bebé, María y José lo llevaron al templo, en Jerusalén, para presentarlo a Dios, como mandaba la ley de Moisés.

Llevaron una ofrenda sencilla: un par de tórtolas o dos palominos. ¡No sabían que dos personas muy especiales estaban esperando a ese bebé!

"Y como se cumplieron los días de la purificación de ella, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor." — Lucas 2:22

Parte 2

En Jerusalén vivía Simeón, un hombre justo que amaba a Dios. Desde hacía mucho tiempo esperaba al Salvador que Dios había prometido.

El Espíritu Santo le había revelado a Simeón que no moriría antes de ver al Cristo. Ese día, el Espíritu lo llevó al templo. Cuando vio al bebé, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios:

Simeón a Dios: Ahora despides, Señor, a tu siervo, conforme a tu palabra, en paz; porque han visto mis ojos tu salvación.

Parte 3

En el templo también estaba Ana, una profetisa ya muy anciana. Casi nunca salía del templo: servía a Dios de día y de noche con oraciones y ayunos.

En esa misma hora, Ana llegó, dio gracias a Dios y comenzó a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

"Y ésta, sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor, y hablaba de él a todos los que esperaban la redención en Jerusalén." — Lucas 2:38

Parte 4

Simeón y Ana esperaron muchos, muchos años. ¡Y Dios cumplió su promesa: vieron al Salvador con sus propios ojos!

Simeón dijo que ese bebé sería una luz para todas las naciones. Esta historia nos enseña que Dios siempre cumple lo que promete, aunque haya que esperar.

"Luz para ser revelada a los gentiles, y la gloria de tu pueblo Israel." — Lucas 2:32