A Jesús le encantaba enseñarle a la gente acerca de Dios. Un día se juntó una multitud enorme para escucharlo. ¡Eran tantas personas que parecían un gran mar de gente!
Para que todos pudieran verlo y oírlo bien, Jesús subió a una montaña. Se sentó, y sus amigos, los discípulos, se acercaron mucho para aprender todo lo que Él tenía que decir.
