Abraham ya era muy viejito. Su hijo, Isaac, era un hombre adulto, y Abraham quería encontrarle una esposa.
Abraham llamó a su siervo de más confianza y le dio una misión muy importante. Le dijo: "Por favor, ve a mi tierra y busca una esposa para Isaac entre mis parientes".
El siervo prometió que lo haría. Preparó diez camellos, tomó muchos regalos bonitos y comenzó su largo viaje.
