Había un hombre llamado Saulo. Era muy inteligente y creía que hacía lo correcto al arrestar a los amigos de Jesús. No entendía que Jesús era el Hijo de Dios.
Saulo viajó a una ciudad lejana llamada Damasco. Llevaba cartas especiales que le daban permiso para arrestar a todos los cristianos que encontrara allí. Estaba decidido a acabar con la iglesia.
