¡El apóstol Pablo no podía quedarse quieto! Amaba tanto a Jesús que quería que todo el mundo lo conociera. Entonces comenzó su tercer gran viaje para visitar las iglesias y animar a sus amigos en la fe.
Viajó por muchas regiones, como Galacia y Frigia. En cada lugar enseñaba a las personas a amar a Dios y a amarse unas a otras. Sus palabras eran como un abrazo calentito que dejaba a todos más fuertes y valientes.
