Pablo y su amigo Silas decidieron viajar para hablarles de Jesús a más personas. Querían ir a una tierra llamada Asia, pero pasó algo increíble: el Espíritu Santo de Dios los guió en otra dirección.
Una noche, Pablo tuvo un sueño especial. Vio a un hombre de un lugar lejano llamado Macedonia, que le rogaba: "¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!". Pablo entendió enseguida que era Dios quien los llamaba, y obedecieron cambiando el rumbo del viaje.
