Después de salir de Egipto, el pueblo de Dios, guiado por Moisés, llegó a un gran desierto. Justo delante de ellos había una montaña muy alta, llamada monte Sinaí.
La montaña estaba cubierta por una nube oscura y espesa. El pueblo acampó al pie de la montaña, mirando hacia arriba con gran admiración, esperando oír lo que Dios tenía que decir.
