Los nombres de los doce son el contenido clásico que desaparece de la memoria una semana después de la clase. La sopa de letras resuelve algo concreto: nombres como Bartolomé son difíciles de escribir, y buscarlos letra por letra enseña la ortografía sin un ejercicio de copia.
Vale la pena avisar a la clase que entre los doce hay dos llamados Jacobo y dos llamados Simón. La repetición suele provocar una buena pregunta, y una pregunta hecha por un niño es la lección que dura.
Porque fue uno de los doce que fueron llamados. Es una buena oportunidad para hablar de decisiones, sin convertir la actividad en una lección de miedo.
Mateo 10:2-4, que es la referencia de esta hoja. Marcos 3 y Lucas 6 tienen listas equivalentes.
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