En la tierra de Babilonia vivía un rey muy poderoso llamado Nabucodonosor. Construyó una estatua gigante, toda hecha de oro brillante, ¡tan alta como un edificio!
El rey dio una orden a todo el pueblo: "¡Cuando oigan el sonido de las trompetas, las flautas y las arpas, todos deben inclinarse y adorar mi estatua de oro!". Pero tres amigos valientes, llamados Sadrac, Mesac y Abed-nego, amaban a Dios por encima de todo.
