Hace mucho tiempo, en Israel, vivía una pareja que no podía tener hijos. Un día, un ángel de Dios se le apareció a la esposa y le dijo que tendría un bebé muy especial. Ese niño se llamaría Sansón.
El ángel explicó que Sansón sería nazareo, alguien apartado para Dios desde su nacimiento. Por eso nunca debía cortarse el cabello. Su cabello largo sería una señal de su promesa a Dios y de la fuerza que Dios le daría.
