Salomón fue el rey más sabio y más rico que Israel tuvo jamás. Podía tener literalmente cualquier cosa que quisiera.
Y lo probó todo: construyó palacios y jardines, juntó oro y plata, vivió todas las fiestas y todos los placeres. Si algo prometía felicidad, Salomón lo probaba.
En el libro de Eclesiastés cuenta el resultado de ese experimento gigante. Y la respuesta sorprende.
