El pueblo de Dios, guiado por Moisés, viajaba por un gran desierto. El sol quemaba y la arena se extendía por todas partes. Habían salido de Egipto, donde eran esclavos, y ahora iban camino a la Tierra Prometida.
Después de un tiempo, la comida que habían traído de Egipto se acabó. Las pancitas empezaron a gruñir, y el pueblo se preocupó y extrañó la comida de antes. Se quejaron con Moisés, diciendo que habrían preferido quedarse en Egipto.
