Ezequiel era un profeta que amaba a Dios. Un día, el Espíritu de Dios lo llevó a un paseo increíble, como si estuviera soñando despierto. Se encontró en medio de un valle muy, muy grande.
No era un valle común, lleno de flores y árboles. Estaba completamente lleno de huesos, esparcidos por todas partes. Llevaban tanto tiempo allí que estaban blancos y muy, muy secos.
