Había en Judá un rey llamado Ezequías. Amaba a Dios con todo su corazón y quería hacer lo correcto. En aquella época, muchas personas adoraban estatuas de piedra y de madera, olvidándose del Dios verdadero.
¡Ezequías fue valiente! Mandó romper todos los ídolos y limpió el templo del Señor. Le enseñó al pueblo a confiar de nuevo en Dios, como lo habían hecho sus antepasados.
