La reina Ester preparó un segundo banquete especial, solo para el rey y para el malvado Amán. El rey estaba muy contento y le dijo a Ester que le daría cualquier cosa que pidiera, hasta la mitad de su reino.
Con el corazón latiendo fuerte, Ester respiró hondo. Había llegado la hora de ser valiente. Le dijo al rey: "Si he hallado gracia ante tus ojos, oh rey, te pido que se me conceda la vida, y la vida de mi pueblo".
El rey se quedó impactado y muy enojado. ¡No sabía que su reina estaba en peligro! Se levantó y preguntó en voz alta quién se atrevería a hacer algo tan terrible.
