Hace mucho tiempo, el pueblo de Dios vivía en Egipto. El rey, llamado faraón, era muy malo y los hacía trabajar como esclavos. Dios escuchó el llanto de su pueblo y eligió a un hombre valiente llamado Moisés para liberarlos.
Moisés y su hermano Aarón fueron a ver al faraón y le dijeron: "Dios dice: ¡Deja ir a mi pueblo!". Pero el corazón del faraón era duro como piedra, y dijo: "¡No!". Entonces Aarón tocó el río Nilo con su vara, y toda el agua de Egipto se convirtió en sangre. Los peces murieron y el agua empezó a oler mal.
