En una ciudad llamada Cesarea vivía un hombre bueno llamado Cornelio. Era oficial del ejército romano, pero amaba a Dios con todo su corazón. Todos los días oraba y ayudaba a los pobres con su dinero.
¡Un día, mientras oraba, se le apareció un ángel de Dios! Cornelio se asustó, pero el ángel le dijo que no tuviera miedo. Dios había escuchado sus oraciones y había visto su bondad.
