Ana siempre había sido una niña callada, pero observadora. Notaba todo lo que pasaba a su alrededor en la escuela, sobre todo en el recreo.
Últimamente se había dado cuenta de que Pedro, un niño más pequeño de su clase, estaba siendo molestado por un grupo de niños más grandes. Le escondían sus útiles, lo empujaban y le hacían bromas crueles.