Lucas recibió de cumpleaños un dinosaurio de juguete increíble. Se movía, le brillaban los ojos y rugía de verdad. Era el juguete más genial de todo el barrio.
El sábado, lo llevó al parque. Todos los niños corrieron a verlo. Pero cuando alguien le pedía sostenerlo, Lucas abrazaba fuerte al dinosaurio.